“Contás los días que faltan para la salida, controlas la moto
una y otra vez para ver que nada te falte...
tratas de imaginarte como serán los senderos programados para
ese día...pensas si vas a poder pasar todos los obstáculos sin quedarte atrás...
si cuando llegues a la parte del salto vas a volar un poquito más que la última vez... si te vas a empantanar de nuevo en la misma ciénaga...”
Y llegó el día, a las 5:30 de la madrugada.. ya abriste los ojos solito, antes que el despertador, cargas todo y salís, impaciente, muriendo de frío, peleando la punta para no comer tierra......
¿te apuraste un poco y compraste terreno? No importa, te levantas y seguís, sin pensar en el dolor...lo que vale es llegar a la meta.
Y ya estamos en al cima...admirando paisajes únicos, sintiendo la satisfacción que te da el saberte capaz de llegar a lugares donde otros no pueden llegar...
disfrutando de un momento de tranquilidad y silencio absoluto...aunque solo sea un momento....
Emprendemos la vuelta, sin demorar mucho, por que se viene la noche, y con ella, el frío cruel... estas cansado, dolorido, sediento, no ves la hora de llegar, y a medida que se te van enfriando los músculos empezás a sentir
el dolor de la caída (si es que te fuiste al piso en algún momento) y ya tampoco te podés sentar del dolor de culo, y empezás a decir para vos mismo: “Quien me manda a meterme aca, si lo mio es laburo y nada mas”...y llegas a tu casa y tiras la moto toda embarrada firmemente decidido a no volver a embarcarte en ese tipo de aventuras, que ganas de sufrir al pedo....hasta el otro día...que la miras parada ahi y ya empezás a sentir el cosquilleo,
las ganas de salir otra vez...ASI ES EL ENDURO, AMIGOS.
Lucho

 
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